Tras unos minutos de preocupación, el médico entro por la puerta:
- Cris ha dicho que te dé esto - dijo mostrándome una carta.
"Hola Marcos, seguramente ahora estés sólo en la habitación, sin mi, preguntándote dónde estoy... Es una larga historia... Al despertar a tu lado me dí cuenta que debía buscar una cura a tu enfermedad, y eso estoy haciendo... perdona la mala ortografía, pero acabo de caerme por las escaleras, ¡tengo tanta prisa por buscarte una cura! Descubrí que las células madre pueden regenerar partes del cuerpo, y que muchas pueden curar tu enfermedad. Necesitarías millones de células madre, y un nuevo corazón... nadie se ofrecía para dártelo, he probado con todos los que conozco, pero nadie quiere... Aunque no exactamente nadie... Seguramente ya te estarás imaginando porqué no estoy contigo, he decidido darte mi corazón y mis células madre para curarte... Marcos eres mi vida y siempre lo serás, te quiero, te he querido y te querré, para siempre.
Cris"
- Marcos, ¿estás bien?
- ...
- Cris me dijo lo que iba a hacer.
- ...
- Lo siento.
- ...
- ¿Marcos?
- ... De-de-déjame solo...
El doctor salió por la puerta, acto seguido comencé a pensar lo que ponía en la carta... Cris... nunca más la vería... éramos uno solo... una sola conciencia, la mia... Cris... mi vida... mi corazón... todo lo que tenía...
Me arrepentía de la vida... observé que aún conservaba el vendaje del último transplante...
Loco, lo arranqué... contemplé la herida aún sin curar... y la abrí... una vez así... lleno de dolor... pellizqué una de las venas vitales... hasta la muerte...
Sólo nos separaba un paso, la vida... y quería estar junto a ella para siempre... Me suicidé, me suicidé sin miedo alguno a la muerte... mi mayor enemiga hasta ahora... me suicidé buscando lo más importante para mí... Cris.
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